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domingo, 8 de abril de 2012

TUS ALAS DE ANGEL




TUS ALAS DE ÁNGEL
¿Quién no ha deseado poder volar? Mucho antes de que Leonardo da Vinci diseñara diferentes artefactos voladores, los antiguos griegos relataban la historia de Dédalo, quien hizo un par de alas para sí mismo y para Ícaro, su hijo, a fin de escapar volando de la isla en la que estaban prisioneros. Las alas estaban hechas de plumas unidas con cera. Pese a las advertencias de su padre Ícaro voló demasiado cerca del so, las alas se derritieron y Dédalo, con el corazón destrozado, vio que su hijo caía al mar y se ahogaba.
Pero supongamos que tienes alas que no pueden fundirse. Así como nuestros chakras son más sutiles que nuestro cuerpo físico, hay dentro de nosotros puntos de energía y fibras aún más sutiles. Imagina por un momento que hay pares de diminutas vainas doradas a cada lado de tu espalda, desde lo alto del cuello hasta la parte baja de tu espalda, desde lo alto del cuello hasta la parte baja de tu espalda, y que, si presentas atención a esas vainas, despertarán y se abrirán. De ellas se desenroscarán diminutas fibras doradas, a lo ancho de tu espalda y más allá. Son tus fibras aladas. Plenamente abiertas, actúan como un sistema de antenas que te ayudarán a alinearte con tu Ángel.
Si nosotros tenemos un juego de estas fibras, los Ángeles poseen muchas. Aparte se te hará hacer un ejercicio que te mostrará cómo abrir tus doradas fibras aladas y despertar a la parte de ti que es angelical.
Aunque puede parecer extraño en un principio, cuanto te acostumbras a ellas disfrutas desplegándolas también en lugares públicos. Mira qué pasa cuando las despliegas en un ascensor repleto… o viajando en autobús.
Una anécdota nos comenta que una noche un estudiante de los Ángeles, estando en un restaurante atestado de gente no lograba llamar la atención de la camarera por mucho que se esforzara. Sólo para entretenerse, decidió abrir sus alas mientras la esperaba. A los pocos segundos tenía a la camarera a su lado, y se llevó una sorpresa al ver el rótulo con su nombre: Ángela.
Cuando hayas terminado de usar tus alas, lo mejor es recogerlas nuevamente dentro de tu cuerpo, para que las fibras no se enreden o anuden. Si ocurre eso, visualiza a tu Ángel de pie detrás de ti, con un gran peine dorado, peinándolas hacia fuera. El Ángel puede usar las fibras de sus propias alas para quitarte los enredos. También las puedes limpiar y peinar bajo la ducha.
Una manera sencilla de darte energía es hacer que esas fibras vengan hacia adelante, rodeándote hasta que las puntas de un ala toquen las puntas de la otra. Tus alas crearán un cilindro de luz dorada a tu alrededor que puedes introducir en tu cuerpo en espiral. Percibe esa luz que se vierte dentro de ti, llenando tus chakras y todas las partes de tu cuerpo físico.
Cuando despliegues las alas, irradias energía amorosa, no sólo desde las puntas de tus alas, sino también desde tu corazón. Ya estés sentada en un autobús o formando fila en el supermercado, cada vez que abres las alas emites amor al mundo y contribuyes a elevar la atmósfera espiritual.
DEFINICIÓN
Para poder utilizar los peldaños al éxito, debes definir lo que deseas. Conversar con tus Ángeles puede ayudarte a fijar tus objetivos. ¿Quieres lo que quieres por ti misma o para impresionar a otros? Si tu meta es ser rica, ¿con qué propósito deseas el dinero? ¿Es para disfrutar del bienestar en un plano físico, mental o emocional, o para demostrarte y demostrar a otros que estás bien? ¿De qué otra manera podrías satisfacer estas necesidades? Al establecer lo que realmente deseas allanarás el camino de su obtención.
Puedes dialogar con tu Ángel para analizar tu motivación y desentrañar cualquier renuencia de tu parte a recibir lo que dices desear. A veces el inconsciente retiene una agenda oculta, tal como la falta de valor o el miedo a la envidia, que bloquea la realización de tu meta.
Para ayudarte a definir tus metas, conviene comenzar con una lista de deseos. Esto significa anotar todo lo que deseas, por descabellado que pueda parecer. Repasa la lista y consolida cualquier duplicación. Luego agrega detalles a lo que deseas. Puedes descubrir que se divide en dos categorías, tales como dinero, salud e imagen personal, relaciones y otras cosas. ¿Qué categoría es más importante para ti? Ponlas en orden, desde la primera a la última de tus preferencias. Esto te será de gran ayuda para definir tus prioridades y fijar tus intenciones.
Cunado sepas con claridad lo que deseas, comienza por seleccionar uno de los puntos, que no sea el primero ni el último de tu lista. Debe ser algo que desees mucho sin que te sientas devastado si no lo consigues. Además, debe ser un objetivo cuyo cumplimiento no dependa de otra persona. Cuando lo hayas elegido, puedes hacer el ejercicio que te daré aparte.
Todos queremos ciertas cosas y todos deseamos disfrutar de los placeres de la vida, aunque cada uno de nosotros tiene una idea individual de lo que eso constituye. Para algunos, la palabra “abundancia” conjura imágenes de vacaciones en Hawai y largas limosinas, de opulencia y plenitud. Esto tiene que ver con los valores materiales.
Para otros, significa una vida equilibrada y en armonía con los propios objetivos, rica en relaciones y amistades amantes, generosa en entusiasmo, gozo y buena salud. Esto tiene que ver con los valores espirituales. La abundancia en el plano espiritual proviene de adentro… y de arriba. La abundancia en el plano material proviene de afuera.. y de abajo. Pero no hay motivos para que no puedas tenerlo todo.
Iniciar una asociación con nuestros Ángeles crea las condiciones que nos permiten triunfar, prosperar y crecer, desarrollando nuestra naturaleza más elevada. Estas condiciones son la franqueza, la cordialidad y la gratitud. El contacto activo y cotidiano con nuestros guardianes expande el alcance de nuestra visión, que pasa de “yo” a “nosotros”, de los intereses personales al interesarse por otros y por el bienestar de nuestro planeta.
Según nos volvemos más y más hacia nuestros Ángeles, desarrollamos nuestra abundancia espiritual. Nos tornamos agradecidos por lo que tenemos. Y eso establece una base para que comencemos a recibir también en el plano material. Cuando sabes que Dios te ama, que tus Ángeles están bien dispuestos a asistirte para que logres tu mayor deseo, te abres a la abundancia del universo y a las maneras en que esta pueda manifestarse en el plano físico. Comprendes y sabes en lo más hondo que eres merecedora.
Cuando pides ayuda a tus Ángeles, deja que ellos decidan de qué modo se materializará. Pide que se manifieste lo que deseas (o algo mejor), para el mayor bien de todos.
Uno de los muchos dones que nos traen los Ángeles es la claridad. Y ser claro es, en gran parte, liberar pensamientos y sentimientos que puedan impedirnos alcanzar nuestras metas.

lunes, 2 de abril de 2012

LA MIRADA DE DIOS EN NUESTRO CORAZON







"No podemos regresar auténticamente a Dios si no es desde el corazón"

Es demasiado fácil dejar pasar el tiempo sin profundizar, sin volver al corazón. Pero cuando el tiempo pasa sobre nosotros sin profundizar en la propia vocación, sin descubrir y aceptar todas sus dimensiones, estamos quedándonos sin lo que realmente importa en la existencia: el corazón (entendido como nuestra facultad espiritual en la que se manejan todas las decisiones más importantes del hombre). El corazón es el encuentro del hombre consigo mismo.

“Volved a mí de todo corazón”. Son palabras de Dios en la Escritura. No podemos regresar auténticamente a Dios si no es desde el corazón, y tampoco podemos vivir si no es desde el corazón. Dios llama en el corazón, pero, en un mundo como el nuestro, en el cual tan fácilmente nos hemos olvidado de Dios, en un mundo sin corazón, a nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, nos cuesta llegar al corazón. Dios llama al corazón del hombre, a su parte más interior, a ese yo, único e irrepetible; ahí me llama Dios.

Yo puedo estar viviendo con un corazón alejado, con un corazón distraído en el más pleno sentido de la palabra. Y cuánto nos cuesta volver. Cuánto nos cuesta ver en cada uno de los eventos que suceden la mano de Dios. Cuánto nos cuesta ver en cada uno de los momentos de nuestra existencia la presencia reclamadora de Dios para que yo vuelva al corazón. El camino de vuelta es una ley de vida, es la lógica por la que todos pasamos. Y mientras no aprendamos a volver a la dimensión interior de nosotros mismos, no estaremos siendo las personas auténticas que debemos de ser.

Podría ser que estuviésemos a gusto en el torbellino que es la sociedad y que nuestro corazón se derramase en la vida de apariencia que es la vida social. Pero es bueno examinarse de vez en cuando para ver si realmente ya he aprendido a medir y a pesar las cosas según su dimensión interior, o si todavía el peso de la existencia está en las conveniencias o en las sonrisas plásticas.

¿Pertenezco yo a ese mundo sin corazón? ¿Pertenezco yo a ese mundo que no sabe encontrarse consigo mismo? Dios llama al corazón para que yo vuelva, para que yo aprenda a descubrir la importancia, la trascendencia que tiene en mi existencia esa dimensión interior. Estamos terminando la Cuaresma, se nos ha ido un año más de las manos, recordemos que es una ocasión especial para que el hombre se encuentre consigo mismo.

Curiosamente la Cuaresma no es muy reciente en la historia de la Iglesia, los apóstoles no la hacían. La Cuaresma viene del inicio de la vida monacal en la Iglesia, cuando los monjes empiezan a darse cuenta de que hay que prepararse para la llegada de Cristo. Todavía hoy día hay congregaciones que tienen dos Cuaresmas. Los carmelitas tienen una en Adviento, cuarenta días antes de Navidad, y tienen cuarenta días antes de Pascua, de alguna manera significando que a través de la Cuaresma el espíritu humano busca encontrarse con su Señor. Las dos Cuaresmas terminan en un particular encuentro con el Señor: la primera en el Nacimiento, en la Natividad, en la Epifanía, como dicen estrictamente hablando los griegos; y la segunda, en la Resurrección. Si en la primera manifestación vemos a Cristo según la carne; en la segunda manifestación vemos a Cristo resucitado, glorioso, en su divinidad.

De alguna manera, lo que nos está indicando este camino cuaresmal es que el hombre que quiera encontrarse con Dios tiene que encontrarse primero consigo mismo. No tiene que tener miedo a romper las caretas con las que hábilmente ha ido maquillando su existencia. El hombre tiene que aprender a descubrir dentro de su corazón la mirada de Dios.

Para este retorno es necesario crear una serie de condiciones. La primera de todas es ese aprender a ensanchar el espacio de nuestro espíritu para que pueda obrar en nuestro corazón el Espíritu Santo. Ensanchar nuestro espíritu a veces nos puede dar miedo. Ensanchar el corazón para que Dios entre en él con toda tranquilidad, no significa otra cosa sino aprender a romper todos los muros que en nosotros no dejan entrar a Dios.

¿Realmente nuestro espíritu está ensanchado? ¿Mi vida de oración realmente es vida y es oración? ¿Realmente en la oración soy una persona que se esfuerza? ¿Consigo yo que mi oración sea un momento en el que Dios llena mi alma con su presencia o a veces con su ausencia? Dios puede llenar el corazón con su presencia y hacernos sentir que estamos en el noveno cielo; pero también puede llenarlo con su ausencia, aplicando purificación y exigencia a nuestro corazón.

Cuando Dios llega con su ausencia a mi corazón, cuando me deja totalmente desbaratado, ¿qué pasa?, ¿Ensancho el corazón o lo cierro? Cuando la ausencia de Dios en mi corazón es una constante -no me refiero a la ausencia que viene del sueño, de la distracción, de la pereza, de la inconstancia, sino a la auténtica ausencia de Dios: cuando el hombre no encuentra, no sabe por dónde está Dios en su alma, no sabe por dónde está llegando Dios, no lo ve, no lo siente, no lo palpa-, ¿abrimos el espíritu?, ¿Seguimos ensanchando el corazón sabiendo que ahí está Dios ausente, purificando mi alma? O cuando por el contrario, en la oración me encuentro lleno de gozo espiritual, ¿me quedo en el medio, en el instrumento, o aprendo a llegar a Dios?
Cuando nuestra vida es tribulación o es alegría, cuando nuestra vida es gozo o es pena, cuando nuestra vida está llena de problemas o es de lo más sencilla, ¿sé encontrar a Dios, sé seguirle la pista a ese Dios que va abriendo espacio en el corazón y por eso me preocupo de interiorizar en mi vida? Uno podría pensar: ¿Cuál es mi problema hoy? ¿Hasta qué punto en este problema -un hijo enfermo, una dificultad con mi pareja, algún problema de mi hijo-, he visto el plan de Dios sobre mi vida?

Tenemos que experimentar la gracia de esta convicción, hay que ensanchar el corazón abriéndolo totalmente a la acción transformadora del Señor. Sin embargo, nunca tenemos que olvidar, que contra esta acción transformadora de Dios nuestro Señor hay un enemigo: el pecado. El pecado que es lo contrario a la Santidad de Dios. Y para que nos demos cuenta de esta gravedad, San Pablo nos dice: “Dios mismo, a quien no conoció el pecado, lo hizo pecado por nosotros”. Pero, mientras no entremos en nuestro corazón, no nos daremos cuenta de lo grave que es el pecado.

Cuando yo miro un crucifijo, ¿me inquieta el hecho de que Cristo en la cruz ha sido hecho pecado por mí, de que la mayor consecuencia del pecado es Cristo en la cruz? ¿Me ha dicho Dios: quieres ver qué es el pecado? Mira a mi Hijo clavado en la Cruz.

Cuando uno piensa en el hambre en el mundo; o cuando uno piensa que en cada equis tiempo muere un niño en el mundo por falta de alimento y por otro lado estamos viendo la cantidad de alimento que se tira, preguntémonos: ¿No es un pecado contra la humanidad nuestro despilfarro? No el vivir bien, no el tener comodidades, sino la inconsciencia con la que manejamos los bienes materiales. ¿Nos damos cuenta de lo grave que es y lo culpable que podemos llegar a ser por la muerte de estos hermanos?

¿Me doy cuenta de que cada persona que no vive en gracia de Dios es un muerto moral? ¿No nos apuran la cantidad de muertos que caminan por las calles de nuestras ciudades? Tengo que preguntarme: ¿Me preocupa la condición moral de la gente que está a mi cargo? No es cuestión de meterse en la vida de los demás, pero sí preguntarme: ¿Soy justo a nivel justicia social? ¿Me permito todavía el crimen tan grave que es la crítica? ¿Me doy cuenta de que una crítica mía puede ser motivo de un gravísimo pecado de caridad por parte de otra persona?

Siempre que pensemos en el pecado, no olvidemos que la auténtica imagen, el auténtico rostro donde se condensa toda la justicia, todo desamor, todo odio, todo rencor, toda despreocupación por el hombre, es la cruz de nuestro Señor.

El abandono que Cristo quiere sufrir, el grito del Gólgota: “¿Por qué me has abandonado?” pone ante nuestros ojos la verdadera medida del pecado. En Cristo esta medida es evidente por la desmesurada inmensidad de su amor. El grito: “¿Por qué me has abandonado?” es la expresión definitiva de esta medida. El amor con el que me ha amado, el amor que ama hasta el fin. ¿He descubierto esto y lo he hecho motivo de vida; o sólo motivo de lágrimas el Viernes Santo? ¿Lo he hecho motivo de compromiso, o sólo motivo de reflexión de un encuentro con Cristo? ¿Mi vida en el amor de Dios se encierra en ese grito: ¿“Por qué me has abandonado”?, que es el amor que ama hasta el último despojamiento que puede tener un alma?


En esta Cuaresma es necesario volver al interior, descubrir la llamada de Dios a la entrega y al compromiso, volver a la propia vocación cristiana en todas sus dimensiones. Y para lograrlo es necesario abrir primero nuestro espíritu a Dios y comprender la gravedad del pecado: del pecado de omisión, de indiferencia, de superficialidad, de ligereza. Es ineludible volver a la dimensión interior de nuestro espíritu, en definitiva, no ir caminando por la vida sin darnos cuenta que en nosotros hay un corazón que está esperando ensancharse con el amor de Dios.
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